10 Mar
“Nada es imposible para Dios. Reavivemos nuestra fe, creamos que todo está en sus manos”.
por Editorial |
Leído 537 veces | Publicado en Cristo Vive Nº206 Ultima modificacion el Viernes, 10 de Marzo de 2017 11:24
 
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Cuando nos toca atravesar tiempos de desolación y tristeza, existe Una fuerza poderosa que solo proviene de Dios: la oración. Mediante ella, se robustece nuestra fe y aprendemos a ser pacientes en las pruebas, nos dice Francisco. Cuando las circunstancias de la vida nos dejan desorientados y sin rumbo, podemos descubrir que orar no es evadirse en una falsa quietud para olvidar la tristeza sino, por el contrario, es luchar junto a Dios y abrirnos a que el Espíritu Santo nos enseñe a rezar como hijos; esta es la propuesta del autor de Jesús es la Salvación.
 

Para Dios no hay imposibles y él es el único capaz de reorientar nuestras opciones. Por Dios puedo reconocer La “sacramentalidad” del hermano –tal es uno de los títulos de este número–, amarlo hasta lavarle los pies como lo hizo Jesús con sus discípulos (“Hagan ustedes lo mismo que hice yo”) y dejar de ser Esclavo del mundo. Con Dios puedo hacer del perdón una opción personal, como lo hicieron muchas víctimas de la guerrilla colombiana (Tiempos de bienaventuranzas) y en Él puedo disfrutar cada instante del momento presente en una Vida de alianza y pertenencia a Dios, y así buscar que se realice entre nosotros definitivamente su Reino.
 

Pero el primero que optó por nosotros, por nuestra salvación, fue Dios, porque “así nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él” (1Jn 4,9). Dios es fiel a sus promesas. Si entendiéramos todo lo que Dios nos ama, dedicaríamos y gastaríamos la vida en él. San Clemente I, Papa y mártir del siglo I, así lo hizo y ofreció su vida para restaurar la paz y la concordia entre los pueblos. 
 

“Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera (…). Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3,16-17). Por eso, en este tiempo reavivemos nuestra fe y creamos, de verdad, que todo está en sus manos.
 

Laura di palma

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