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:: Actualidad Eclesial ::
Cristo Vive,
¡Aleluia! estuvo presente en este encuentro de Iglesia
celebrado en Roma bajo el lema "La belleza de ser cristianos
y la alegría de comunicarlo".
A unos pocos kilómetros de la ciudad de
Roma se encuentra la localidad de Rocca di Papa. Allí se
reunieron más de 300 responsables de Movimientos eclesiales
y Nuevas comunidades del 30 de mayo al 2 de junio de este año,
en plena primavera europea. ¿El motivo? La convocatoria del
Consejo Pontificio para los Laicos (CPL) a realizar un congreso
que, lejos de ser meramente un encuentro de personas que tienen
algo en común y quisieron compartirlo, fue una experiencia
de verdadera comunión eclesial. En él se percibió
la majestuosidad del obrar de Dios que derrama su gracia como quiere,
y también la pobreza del hombre que con sencillez acoge el
llamado para responder a la vocación recibida.
Detrás de aquellos responsables generales
y fundadores presentes en el lugar, estaban representados también
tantos otros que adhirieron y adhieren con su vida a la gracia del
mismo llamado. "Nada más hermoso que haber sido
alcanzados, sorprendidos por el Evangelio, por Cristo. Nada más
bello que conocerlo y comunicar a otros la amistad con Él".
Estas palabras pronunciadas por Benedicto XVI en Pentecostés
de 2005 transmiten el trasfondo de la realidad que los Movimientos
y Nuevas Comunidades (MNC) ofrecen a la Iglesia y a la sociedad:
la alegría de haber sido alcanzados por un Dios vivo y querer
que otros lo conozcan.
Durante esos días se respiró un clima
de fraternidad y anhelo de santidad que nadie sentía como
propio, sino que era la búsqueda común por servir
más fielmente al Señor. Se pudo ver encarnado, en
hombres y mujeres de hoy, el pasaje de la Palabra de Dios que afirma
que "llevamos este tesoro en vasijas de barro para que
se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros
sino de Dios" (2 Cor. 4,7). En los participantes podía
distinguirse un sincero amor a la Iglesia y al hombre como tal;
de ahí, su compromiso con el carisma recibido y la vocación
misionera de dar a conocer el Amor de Dios.
"Los movimientos eclesiales y las nuevas
comunidades hoy son un signo luminoso de la belleza de Cristo y
de su Iglesia. (...) Ustedes pertenecen a la estructura viva de
la Iglesia", afirmaba el Santo Padre en un mensaje enviado
especialmente para la ocasión y leído en el inicio
del Congreso. Y más tarde, Mons. Stanislaw Rylko, presidente
del CPL expresaba: "Ustedes son una expresión concreta
de la extraordinaria riqueza 'carismática' de la Iglesia
de nuestro tiempo y un mensaje fuerte de esperanza".
Con
hermanos procedentes de todo el mundo, como en un nuevo Cenáculo,
cada día comenzó con la Eucaristía celebrada
en los diversos idiomas que allí estaban presentes. Se hacía
evidente de esta forma la realidad de la Iglesia universal. Luego
Mons. Rylko señalaba el rumbo concreto por donde transitar
esas jornadas: "Durante nuestro Congreso, estamos todos
llamados a alegrarnos y a asombrarnos por la maravillosa variedad
de carismas con los cuales el Espíritu Santo enriquece la
Iglesia de nuestro tiempo; por su profunda unidad en el misterio
de la comunión eclesial; por su belleza, cuando se vive en
profundidad, ¡con entusiasmo y fidelidad! ¡Qué
hermosa es la Iglesia cuando es adornada de estos dones estupendos
que dan un empuje potente a su misión evangelizadora en el
mundo! ¡Qué hermosa es la vida transformada por el
encuentro personal con Cristo! ¡Qué hermosa es la vida
cristiana que genera frutos de auténtica santidad!"
En todo momento se vivió una sincera experiencia
de comunión, de profundización en el diálogo
y de compromiso en la tarea evangelizadora. Y ante un marcado reconocimiento
por la vida que los MNC ofrecen a la Iglesia, fue hermoso oír
la indicación pastoral que hacía Mons. Rylko: "Vivan
con radicalidad el carisma que les fue confiado. Eso necesita la
Iglesia de ustedes."
Al iniciar el trabajo de cada jornada hubo ponencias
de un gran contenido teológico por parte de tres cardenales:
el Card. Schönborn, primado de Viena, presentó el tema
"Cristo, el más bello de los hombres"; el Card.
Ouellet, de Québec, "La belleza de ser cristianos";
y el Card. Scolla, de Venecia, "Movimientos eclesiales y nuevas
comunidades en la misión de la Iglesia: prioridades y perspectivas".
Luego de las ponencias se realizaron mesas redondas donde se escucharon
ricos testimonios de vidas alcanzadas por Cristo, vidas que lejos
de encerrarse en sí mismas buscan ofrecerse totalmente al
Amor que los conquistó por la salvación de cada hombre.
Dos valores fundamentales se reconocieron y en
ellos se hizo hincapié: la belleza de Cristo en estas nuevas
realidades eclesiales y el agradecimiento de la Iglesia a la tarea
evangelizadora que realizan. Pero hubo más: surgió
la propuesta de buscar juntos nuevos caminos para presentar la belleza
de Cristo en una sociedad que parece vivir como si Dios no existiera;
y también llevar esa belleza a muchos lugares de Iglesia
en donde la fe parece apagarse.
Un ejemplo de fe vivida con compromiso
social se reflejó en el testimonio de Andrea Riccardi, fundador
de la Comunidad de San Egidio. Al referirse a las situaciones de
pobreza y violencia de la actualidad, expresó: "El
amor por los más débiles no está ligado a modas
o ideologías y el compromiso con situaciones difíciles
no es posible si no es con una fe real y viva". Recordando
rápidamente el número de conflictos armados de la
actualidad y el grado de pobreza que hay en el mundo, Riccardi puso
el acento sobre la palabra paz y afirmó: "La oración
por la paz es la gran fuerza de los creyentes y es la expresión
de la certeza de la fe. Somos llamados a comunicar de corazón
en corazón la belleza de la paz".
Durante las tardes el encuentro se realizó
por grupos según el idioma de cada participante y el diálogo
tenía como base la "herencia doctrinal" ofrecida
por Juan Pablo II en el I Congreso Mundial (Roma, 1998).
Luego de esos días de intenso intercambio
y enriquecimiento mutuo - tanto en los grupos de trabajo como en
el compartir espontáneo de todo momento- llegaron las conclusiones
del Congreso. El presidente del CPL fue el encargado de expresarlas
y, con un marcado entusiasmo por lo vivido, invitó a estar
plenamente disponibles a la misión evangelizadora a todos
los hombres.
Así como Benedicto XVI animaba a
los movimientos diciéndoles "ustedes sean siempre
escuelas de comunión, compañías en camino,
en las que se aprenda a vivir en la verdad y en el amor que Cristo
nos reveló y comunicó.(...) Que resuene siempre en
su corazón la exhortación de Jesús: «Brille
así su luz delante de los hombres, para que vean sus buenas
obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos»
(Mt. 5, 16s)", así también las últimas
palabras que resonaron en el corazón de todos los presentes
fueron las del envío misionero realizado por Mons. Rylko,
con la exhortación a decirle a Jesús: "Aquí
estoy, Señor, envíame a mí".
Laura Di Palma
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