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En enero del 2004,
hice la Tercera Convivencia del Cursillo de Evangelización.
Mis expectativas eran grandes debido a que desde hacía varios
años, la dimensión laboral había tenido un
papel importantísimo en mi vida y me preguntaba que querría
decirme Dios allí, ya que según me habían comentado,
trataba sobre las realidades temporales y del Mundo Nuevo.
A
medida que pasaban los días, me iba sintiendo más
y más en comunión con el Señor. Podía
palpar claramente que Él me había preparado ese espacio
de gracia en medio de un verano laboralmente muy agitado.
De
pronto, en una de las meditaciones, una frase que guardaba desde
el invierno de 1993 en mi corazón volvió a mi memoria:
“No los maten, dénmelos a mí”, una expresión
de la Madre Teresa que me había impactado.
Durante
la Convivencia, fue tomando forma un llamado de Dios. Comencé
a sentir que Él me invitaba a hacer algo por los niños
en riesgo de ser abortados... Esto me provocaba un gran desconcierto,
pues no tenía idea de cómo podía empezar. Entre
lágrimas, el último día le clamé al
Señor que fuera muy concreto con los signos de que ésa
era su Voluntad, porque yo no me podía convencer aún.
Luego
de varios días de haber regresado a casa, me animé
a contarle esto a mi esposa; entonces tuve el primer signo del Señor:
en vez de presentar objeciones, ella “tomó la posta”
y se puso a buscar iniciativas de este tipo en Internet. Un testimonio
que me animó mucho fue el de una señora de Nueva York
que, invocando a la Virgen de Guadalupe e inspirada por la Madre
Teresa de Calcuta, llamaba por teléfono a mujeres que estaban
pensando en hacerse un aborto y buscaba ayudarlas para que desistieran
de su decisión.
Y
llegó el Retiro de Pascua en abril de este año. Allí,
en un compartir providencial con una hermana (llamada Guadalupe)
ella me ofreció transmitirle estas mociones a nuestro padre
obispo Mons. Maulión, con quien tenía una entrevista
justo ese mismo día. Evidentemente, Dios estaba dando signos
concretos...
Y
fue así como, a través del obispo, conocimos a Grávida
de San Pedro, un Centro de Asistencia a la Vida Naciente que desde
el invierno del ’93 trabaja en ayudar a que madres en conflicto
con su embarazo puedan defender la vida de sus bebés y cuidar
de ellos una vez nacidos.
Su
espiritualidad se basa en la palabra de la Visitación, en
la que María sale presurosa a colaborar con su prima Santa
Isabel embarazada. Esto nos causó una gran sorpresa, ya que
Dios nos había “regalado” esa Palabra unos días
antes, mientras orábamos por el proyecto, y también
a una hermana a la cual le habíamos pedido que intercediera.
Por
otro lado, nos causó gran asombro cuando el matrimonio responsable
de Grávida de San Pedro nos comentó que a
la hora de salir a defender la vida se encomendaban a la protección
de María de Guadalupe y a la Madre Teresa (igual que la señora
de Nueva York). Evidentemente, Dios seguía dando signos concretos.
Hoy
estamos dando pasos hacia la fundación de Grávida
en Paraná. Y nos llena el corazón ver cómo
el Señor ha ido llamando también a varios hermanos
de la Obra con estas mismas mociones.
¡Gloria
a su Nombre, ahora y siempre!
Guillermo Mistrorigo
Paraná. Entre Ríos |