Dios utiliza distintos
medios para hablar.
Esta vez, a través de
un sueño, reveló cómo
avanzar en el camino
comunitario.
Usted está en Página inicial | Revista Cristo Vive ¡Aleluia! nº 134 | Testimonio
 
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Testimonios que reflejan el paso de Dios en la vida de los hermanos, y alimentan y fortalecen la vida de la Fe.
     
   

Después de orar y haberle entregado a Dios la crisis comunitaria que estamos viviendo, me fui a dormir y soñé que la comunidad iba caminando por un lugar llano, bastante desolado, sin árboles y con poca vegetación que, sin embargo, no llegaba a ser un desierto.

Algunos íbamos cargando nuestra cruz cansados del camino, hasta que llegamos a la orilla de un gran río, torrentoso, ancho y de aguas profundas. Nos detuvimos porque no sabíamos hacia dónde ir, y aprovechamos para descansar.

Nuestros coordinadores nos dijeron que teníamos que cruzarlo. Todos nos preguntábamos cómo hacerlo, ya que no había un puente, ni teníamos un bote y además era imposible nadar, porque parecía muy peligroso.

Ellos nos dijeron que debíamos hacer una balsa con todas las cruces y cruzarlo todos juntos. Algunos no querían aceptar la propuesta, decían que nos íbamos a hundir; otros querían buscar un paso más estrecho, bordeando el río.Pero nuestros pastores nos dijeron que ya conocían el lugar y que éste era el mejor paso.

Otros hermanos decían que no tenían su cruz, porque la habían dejado por el camino y tenían que regresar a buscarla. También nos dimos cuenta de que faltaban otros hermanos y nos organizamos en grupos para encontrarlos durante el día.

Del otro lado del río, a lo lejos, se podían ver las montañas llenas de pinos altos y verdes. Parecía un lugar hermoso, distinto del que estábamos.

Estaba atardeciendo y yo me encontraba sentado a la orilla del río, observando lo que pasaba a mi alrededor y a mi comunidad. Algunos ya comenzaban a construir la balsa, otros estaban acostados, como abatidos. Entre todos ellos pude distinguir a Jesús que estaba asistiendo a los hermanos más cansados; también curaba a los heridos.

En un momento lo vi cebando mate. Cuando se acercó a mí para darme uno le pregunté: Señor, ¿vas a venir con nosotros en la balsa? Él me respondió: Necesito su decisión.

Ahí terminó mi sueño. Me desperté en presencia de Dios orando por mi comunidad. Al día siguiente con todo esto en el corazón abrí el Evangelio y el Señor me decía en la palabra "el que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo" (Lc 14, 25-33).

Me quedé con la certeza de que nuestra cruz personal se hace camino de salvación para la comunidad. Tenemos que decidirnos a seguir a Jesús porque está con nosotros y nos alcanza su gracia.

Alejandro Lemoine
Centro Pastoral Janer
Buenos Aires

CRISTO VIVE ¡Aleluia!
Nº 134 | Septiembre - Octubre 2002 | Pág. 30


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