QUERIDO PADRE:
Hoy quiero darte gracias.
Aunque mis palabras no alcanzan
para expresar tu grandeza.
Gracias por crearme y llamarme a la vida
porque soy hechura de tus manos.
Gracias por el soplo de tu Espíritu,
Aliento de Vida que me santifica.
Gracias por tu misericordiosa ternura,
que siempre consuela mi corazón abatido.
Gracias por tu mano fuerte
que me sostiene en las tormentas.
Gracias por revelarme algo
del misterio de Gestsemaní.
Gracias porque en mi noche oscura,
vos sos la luz que me ilumina.
Gracias por modelar mi barro
para hacerme una vasija nueva.
Porque querés configurarme con tu Hijo,
para tu gloria y alabanza.
Querido Padre:
En esta hora de mi historia te digo:
¡No abandones en mí la obra de tus manos!
Viviana