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Pero la política, como el resto de los campos de la vida
en sociedad, no es más que la expresión de las creencias,
valores y actitudes que animan a un cuerpo social; y si de
analizar causas a la crisis se trata, vale comenzar por decir
que las formas que la política asume difícilmente puedan ser
separadas de las prácticas cotidianas de la población a la
que intenta ordenar y conducir. Un político corrupto, por
ejemplo, es una excepción que un sistema puede corregir; la
repetición de las excepciones ilustra más bien la verdadera
regla que anima la vida de la sociedad en cuestión. Así pues,
es ineludible para todos los que formamos parte de esta sociedad
producir en estos tiempos una profunda reflexión acerca de
la calidad del ladrillo que cada uno ha puesto para llegar
a este estado de cosas.
Es cierto que en el plano político, para percibir los efectos
positivos de la democracia en la vida cotidiana han generado
un creciente descrédito hacia la política -y los políticos-
como capacidad para modificar la realidad. En este sentido,
el retiro del Estado tuvo su correlato en la supremacía de
la economía por sobre la política, y los sucesivos ajustes
han ayudado a alejar, en el imaginario social, el ideal de
la comunidad. Las dificultades para concretar valores centrales
para una sociedad democrática (como el deseo de vivir en paz,
el fortalecimiento de las instituciones, y la aspiración de
que se concreten la justicia, la equidad y la solidaridad
social), han llevado a que la Argentina, democracia joven
que sirvió de ejemplo a la región, pero débilmente consolidada
y económicamente imposibilitada de brindar beneficios a la
población en forma inmediata, enfrente serios desafíos a la
gobernabilidad interna.
En nuestro caso, fue hace veinte años que descubrimos en
toda su dimensión el valor de la democracia. La Guerra de
Malvinas fue un instrumento elegido por la historia para cerrar
un ciclo de desencuentros marcado por el autoritarismo de
izquierda y de derecha en el que diversas élites se disputaron
el poder con el marco de una población espectadora y expectante.
Allí se inició la posibilidad de construir una historia más
verdadera, más comprometida y, por ende, democrática. >>
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