Usted está en Página inicial | Revista Cristo Vive ¡Aleluia! nº 132 | Ecos del Cursillo
 
Buscar números anteriores | Ir al final

Testimonios que reflejan el paso de Dios en la vida de los hermanos, y alimentan y fortalecen la vida de la Fe.
     
   

Meditando en la Convivencia sobre la persona del Espíritu Santo le pregunté a Dios qué era ser dócil y él fue respondiéndome al corazón.

Ser dócil al Espíritu es dejarse abrazar por el dueño del corazón. Es abandonarse, dejarse conducir mar adentro del alma para descubrir los tesoros profundos.


Ser dócil es confiar más en El que en uno mismo, más en sus fuerzas que en las nuestras. Ser dócil como María, que se dejó anonadar a sí misma porque descubrió que la grandeza y el secreto era abrazar la gloria que habitaba en ella.

Ser dócil es seguir el camino, no imponerlo. Es seguir las huellas, no borrarlas.

La docilidad tiene en su intimidad la blandura de corazón. Es dócil quien deja que Dios lo amase, lo modele, lo talle, lo pode. Es dócil quien se calla para escuchar el eco de la Palabra en su interior.

¿Qué es ser dócil en la vida misma? Es dejarse abrazar en los desiertos, moldear en las pruebas, convertir en las correcciones, amar en las fragilidades.

Ser dócil es dejarse honda y verdaderamente amar por Dios.

María Luján Avit
Neuquén

CRISTO VIVE ¡Aleluia!
Nº 132 | Mayo - Junio 2002 | Pág. 29


Ir al principio

© 2002 - Editorial de la Palabra de Dios | Todos los derechos Reservados