|
Número 180
Noviembre - Diciembre 2011
"Dios está aquí, no nos ha dejado solos" Benedicto XVI
Editorial
La venida del Mesías era un acontecimiento esperado por el pueblo de Israel; y la señal que recibieron los pastores la noche que Jesús nació fue sencilla: “Encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12)… Aquella fue una Noche Buena para Dios, para los hombres y para el mundo.
En el misterio de la Encarnación, el Hijo de Dios en persona se ha hecho visible. Es el Amor de Dios Padre que se da a la humanidad engendrando al Hijo por obra del Espíritu Santo. Así, Dios se manifiesta en un niño y en él, nos da la clave para comprender el sentido de nuestra vida, como afirmó Juan Pablo II: “El misterio de la Encarnación será siempre el punto de referencia para comprender el enigma de la existencia humana, del mundo creado y de Dios mismo” (Fides et ratio 80).
En un mundo tan convulsionado por el acontecer cotidiano, es necesario reconocer la presencia de Dios entre nosotros; para ello, nos favorece el Adviento. El Papa en Proyectados hacia el futuro nos interpela: “Dios está aquí, no nos ha dejado solos, no se ha ido del mundo (…). La certeza de su presencia (…) ¿no debería impulsarnos a considerar toda nuestra existencia de modo que Él pueda venir a nosotros y sernos cercano en cada situación?”.
Quizás hoy nos sentimos aturdidos por la información, encandilados por tanta imagen, desorientados en medio del relativismo… Pero no nos sintamos solos. Son muchos los que intentan poner a Dios en el centro de su existencia: en sus cruces, en el servicio, en la familia, en el trabajo… Es nuestro anhelo que, en cada uno de los testimonios que se publican, nuestros lectores puedan reconocer la presencia y el actuar de Dios en la actualidad.
En este número finaliza la publicación de los mensajes de Nuestra Señora de Todos los Pueblos y de los Lineamenta para el próximo Sínodo de obispos. Los desafíos sociales y culturales que se presentan son abundantes. Que el Espíritu Santo nos haga descubrir nuevas estrategias para poner a Dios en el centro de la vida del hombre de hoy, respondiendo a sus expectativas y anhelos, asumiendo en esta Navidad que “El Niño acostado en la pobreza de un pesebre es señal de esperanza para toda la humanidad” (Juan Pablo II).
Laura di Palma |